12 febrero. 20 h.

LINA TUR BONET y AURELIA VISOVAN


Entradas a la venta:  25€ 

(sin numerar)

LINA TUR BONET, violín

AURELIA VISOVAN, fortepiano

 

Programa:

L. V. Beethoven
Sonata para violín y piano n.º 4 en mi bemol mayor, Op. 7

Sonata para violín y piano n.º 6 en fa mayor Op. 10 n.º 2

Sonata para violín y piano n.º 9 en la mayor Op 47, "Kreutzer"

 ** Notas  al programa

12 de febrero 2020, miércoles.
Auditorio de Zaragoza. Sala Galve. 20 h.

 

Notas al programa:

 

Un sonido completamente sorprendente y absolutamente original, para unas sonatas raramente interpretadas con instrumentos originales en España.

Escuchar esta música con los instrumentos con los que el genio alemán la concibió e interpretó, ayuda a comprender mejor el espíritu y la sabiduría de Ludwig van Beethoven, acercándonos a su tiempo.

Beethoven escribió diez sonatas para violín y piano a lo largo de dieciséis años, entre 1796 y 1812, lo cual supone recorrer varias de las etapas de su vida y su producción musical.

En esta ocasión, se eligen algunas de las más célebres, interpretadas con los instrumentos para los que fueron compuestas: el Fortepiano y el violín y arco clásicos.

>La Sonata 4 en La Menor, compuesta en 1801 fue dedicada al conde Moritz von Fries, uno de los más importantes mecenas de Beethoven. Contemporánea del Concierto para piano nº 3 y de la primera Sinfonía, en esta sonata se escucha al Beethoven más arrebatador del llamado “Sturm und Drang”, y también una de las cualidades más sorprendentes y geniales del genio alemán: el humor.

La Sonata 6 en La Mayor opus 30, data de 1802, una época en la que Beethoven había perdido ya toda esperanza de que mejorara su sordera. Vive un momento desesperado en el que hasta llega a pensar en el suicidio, época de su famoso “testamento de Heili-genstadt”: en él, reconocía su enfermedad, rebelándose contra el destino y, de alguna manera, despidiéndose del mundo. Pero sin embargo, en este momento de tanto dolor para él, son muchas sus obras alegres o poéticas, como es el caso de su segunda Sinfonía, de esta misma época, y de esta magnífica y luminosa sonata.

La famosísima Sonata nº 9, Op. 47 “Kreutzer” ha conseguido influir a numerosos artistas tras su publicaciòn, y no sólo a nivel musical, sino también de la literatura (la novela de Tolstói “Sonata a Kreutzer” de 1889, el homónimo primer cuarteto de cuerdas de Ja-nácek, compuesto en 1923, o el también así titulado cuadro de Rene Prinet, violinista y pintor, de 1898, en el cual refleja perfectamente el arrebato romántico que destila esta obra: ilustra al violinista besando a la pianista, pareciera que interrumpiendo - o acaso al finalizar- el primer movimiento.

Esta sorprendente sonata fue escrita en poquísimo tiempo para ser interpretada en el mes de mayo de 1803, por el violinista George Polgreem Bridgetower, quien la estrenó con Beethoven en el Theater an der Wien. Tras ese estreno, se cuenta que el violinista hizo comentarios ofensivos hacia una amiga de Beethoven, por lo cual éste decidió no dedicársela a él sino al más famoso violinista del momento, Rodolphe Kreutzer, quien por otro lado nunca llegaría a tocarla por considerarla intocable por su dificultad.

Varias de las sonatas para violín y piano tuvieron malas críticas en sus estrenos, conside-radas en muchos casos “ininteligibles” por el público. Pero como ocurre a veces en la historia del Arte, Beethoven consiguió trascender con su lenguaje personal, a veces brusco como lo era su carácter, en muchos casos enormemente poético, siempre apasionado, con un gran de sentido del humor (una de las cualidades más difíciles en la música) y con tal arrollador impulso que, tanto entonces, inexplicable, como ahora, ya tan consagrado, no nos puede dejar indiferentes. E incluso nos cautiva.

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